martes, 2 de abril de 2013

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Blog de locos

Más que de alguno de los Blogs en general, de los que ya se ha dicho casi todo (quedando lo dicho, al final, en meras opiniones discutibles), voy a hablar acerca de una entrada en particular de uno de ellos: Chewbacca Was Right (GR4).

La entrada en cuestión, del 11 de marzo de 2013, habla del espectáculo circense (que recientemente pasó por Málaga) El Manicomio de los Horrores y reproduce un malestar generalizado en determinados sectores de la población (e incluso del panorama político) que ven en la función una apología hacia la estigmatización de las enfermedades mentales. Con todo el respeto hacia su autor, y habiendo visto el espectáculo (del que salí tan encantado como el año pasado, en su anterior edición El Circo de los Horrores), voy a dar mi opinión con respecto al tema.

Antes de empezar, la voz en off de Sean Connery pone al público sobre aviso: El Manicomio de los Horrores es consciente de la importancia y los problemas derivados de las enfermedades mentales y no tiene como objetivo en ningún momento fomentar su “demonización”. Tras esta declaración de intenciones (que no se sabe si fue realizada antes o después de las críticas recibidas) comienza la función. Y en ella, indiscutiblemente, vemos a actores caracterizados de internos dementes (músicos, payasos y malabaristas), funcionarios crueles y dictatoriales (contorsionistas) y horribles alucinaciones andantes (acróbatas). Ahora bien, utilizar eso como argumento de que el espectáculo estigmatiza la realidad de las enfermedades mentales es algo muy cuestionable. Aquel que cree que eso que está viendo es lo que ocurre tras las paredes de los hospitales psiquiátricos tiene el mismo problema que el que piensa, en el visionado de un sinfín de películas norteamericanas, que todos los musulmanes llevan barba y turbante: ignorancia y desinformación.

La presencia de la enfermedad mental en la edición de este año de El Circo de los Horrores es un recurso estético, recurrente en el cine, como una más de las temáticas típicas que se han dado en el Terror occidental. El gran parecido del personaje principal del espectáculo con el clásico Nosferatu (exactamente igual al del año pasado) es un ejemplo de esto.

No son todos los que están ni están todos los que son. El espectáculo termina con esta frase, colocada en un punto elevado a la visión del público durante toda su duración, que (en mi opinión) dignifica a los afectados de enfermedad mental al simbolizar dos cosas: la culpabilidad de la sociedad al recluir a personas que, más que dementes, son inadaptados del sistema en el que vivimos y las ambiguas fronteras de la locura, haciendo ver lo cerca que estamos todos de ese loco que llevamos dentro. Suso Silva, director del Circo, dijo en una entrevista: en realidad este espectáculo trata, en el fondo, de explicar que todos los actores somos un poco bipolares, que tenemos dos personalidades: la nuestra, la que nos llevamos a casa, y la del personaje que estamos interpretando, y lo que intentamos es enseñaros quién hay debajo de cada uno de los personajes.

Tal vez los grupos indignados por el espectáculo deberían dirigir sus quejas y críticas hacia el poder político, que no para de recortar en presupuestos a la Sanidad (y a los centros de salud mental con ello), antes que a un grupo de artistas que, utilizando una temática clásica en la historia del Terror, intenta ganarse la vida con un determinado espectáculo circense.

¿Qué hace más daño a los enfermos mentales?

Francisco J. Romero G.

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